Billy lleva unos meses estresado y ya era hora de empezar a pensar un poco en él y darse unos días de relax; y donde mejor que en el norte. Asturias es el destino elegido y es en él, donde pasará los próximos días.
Nuestro amigo y compañía deciden hospedarse en Ribadesella, en un precioso hotel con vistas al mar y acogedor a más no poder que se llama “Don pepe”.

Llegan a Ribadesella tras un largo viaje y como siempre con el sueño de madrugar mucho para poder aprovechar el día. Han recogido a Laura en Valladolid que llega directa desde Salamanca y se disponen a pasar parte de la mañana en el coche, sorteando a quien le tocará la habitación con vistas al mar -afortunado Billy que disfrutará de ese privilegio con Cris- Teresa y Laura se quedarán en la habitación colindante, también con su encanto… XD).

Tras dejar las maletas buscan desesperados un sitio donde comer; no se atreven a probar de momento las fabes y el cachopo, pero no se cortan a la hora de reponer fuerzas -demasiado para seguir con la ruta turística-.

Visitan las escaleras de colores del autor Jonathan Hevía, en el barrio de “El Potiellu”; 56 peldaños de piedra decorados con frases y colores que los vecinos del pueblo han aportado.

Visitan el centro del pueblo con sus casinas y tiendas, una en concreto espectacular, de chocolates con formas de zapatos, sardinas… todo lo que se pase por la mente, un pueblo casi de cuento. Se disponen a subir hasta la Ermita de La Guía donde está el mirador y sus cañones,  no saben que ésta será la primera de unas cuantas cuestas a las que tendrán que enfrentarse.

Merece la pena subir hasta allí, maravillosas vistas y casas espectaculares para fantasear. Desde ese alto pueden ver la desembocadura del río Sella en el mar, donde una veintena de surferos luchan por coger la ola mas grande de la tarde.

De vuelta al hotel sienten que realmente han aprovechado el día y se permiten el lujo de cenar en la habitación mientras ven la tele, que también esos momentos tienen su encanto. Hay que acostarse pronto para aprovechar el viernes.

Amanece con el sonido del mar inundando la habitación y Billy pega un salto de la cama, lo primero que hace es abrir su lista preferida de Spotify  y poner a todo volumen “One and the Same” de Audioslave. Bajan a desayunar como si no hubieran comido en dos días -el hotel tiene incluido el desayuno a todos los huéspedes-. Tienen ya planeada la ruta de hoy, irán a ver los lagos de Covadonga y de vuelta Cangas de Onís.

En el coche el tema principal de conversación es: cómo se tomará el cuerpo subir a 1.100 metros de altitud en curva después de el desayunaco que se han metido…

Dejan el coche en un parking del camino y suben andando la ruta hacia la Basílica del Santuario de Covadonga, que pertenece ya a los picos de Europa. El camino resulta súper agradable con sus puentes de madera sobre el río y todo ello armonizado por el color verde de los arboles que les rodean, sin duda uno de los momentos donde Billy más en paz se siente.     Aquí solo se trata de respirar profundo y despejar las mentes con la ayuda del aire puro. Suben otra cuesta interminable hasta llegar a la parroquia del concejo de Cangas de Onís, con su Don Pelayo plantado enfrente de la puerta.

Luego subirían una escalera hacía  la ermita de la Sta. Cueva donde está la Santina Covadonga, Billy sigue en su pompa, le parece todo tan místico…

Es un lugar que ciertamente tiene algo mágico, esa cueva donde se descubre la Virgen, su manantial lleno de deseos a cambio de una moneda y la fuente de los 7 caños debajo de la cueva de Covadonga, donde según reza la leyenda, otorga matrimonio en 1 año a la persona que beba de todos ellos.

Tras seguir todos los rituales correspondientes van a ver los lagos de Covadonga, ya tienen el desayuno  en los pies -por suerte- preguntan donde pueden coger el bus que les subirá para verlos y se encuentran con una cola de 1h 15min -sin exagerar- en ese tiempo les da tiempo a recuperar las gafas perdidas de Laura milagrosamente, a comer por turnos en un bar cerquita algún que otro pincho y en fin, a hacer amistades con la gente de la cola y sus mascotas.

Cómo explicar el maravilloso paisaje que les estaba aguardando arriba de las montañas (por cierto, sin novedades escabrosas en el viaje en bus) mereció la pena la espera solo por ver los lagos, “les vaques” y volver a respirar ese aire que en Madrid no existe. El tiempo acompaña y el sol les invita a tumbarse en su prado, pero tienen un hambre que no ven, así que retoman la expedición. Ahora toca la bajada en bus cual montaña rusa, que parece que se va a salir del carril.

Hay que hacer una mención especial al restaurante “La Reconquista”  situado al lado de la parada (infernal) que sube a los lagos; les dieron de comer a las 5 de la tarde y aparte de que estaba todo riquísimo, les trataron con mucho cariño, que siempre es de agradecer.

Deshaciendo el camino se disponen a ir en dirección al parking para ir ahora a Cangas de Onís. En este viaje Billy está repitiéndose demasiado en sus pensamientos o quizá es que lo estaba esperando como agua de mayo, el caso es que queda prendado de aquel municipio, se encuentra una vez más con aquella sensación de pueblito de ensueño. En Cangas se halla el puente romano (Puentón) símbolo de Asturias. Parte del escudo junto a la cruz sobre la media luna invertida, recuerda la victoria sobre los musulmanes en la batalla de Covadonga, hay que añadir que en el 1931 fue nombrado monumento histórico artístico.

Como os podéis imaginar al llegar a hotel y tras la ducha caliente, se propone de nuevo repetir la cena en la habitación -aun a riesgo de que la cuenta final de la habitación sea una torta- están que lo tiran por la ventana y aparte demasiado cansados para seguir con la ruta gastronómica nocturna. Es sábado en Asturias, al descorrer las cortinas ya están los surfistas disfrutando de las primeras olas y Billy vuelve a activarse esta vez con de “Plush” de los Stone Temple Pilots.

Al igual que la mañana de antes bajan a desayunar como si no hubiera mañana y tras cargar las pilas se dirigen hacia  Llanes y Llastres, esos serán los destinos de hoy.

Lastres es un pueblito marinero con una peculiaridad, el pintor y escultor bilbaino Agustín Ibarrola, en 1930 dejó plasmada su obra en forma de cubos de cemento con diversos diseños en todo su puerto, lo que le da un aspecto diferente y original que invita a fotografiarse junto a ellos.

Dan una vuelta buscando un sitio donde comer, por el paseo de San Pedro, y dejando a un lado El Torreón, subiendo cuestas y cuestas, llegan al centro, donde comen en un restaurante llamado  “Covadonga” y ahí si, ya por fin se dejan llevar por la gastronomía de la tierrina, cachopo para 4, fabes para 6 -madre mía, van a salir rodando-. Aunque había mucha gente esperando para comer, el trato es muy bueno y los platos realmente ricos, muy recomendable si decidís hacer turismo por allí.

Tras el festín de comida van a dar una vuelta por la ruta cinematográfica que tienen preparada para los visitantes, la casa de “El Orfanato” , “Historia de un beso”, “El abuelo”, hasta 25 localizaciones de 18 películas , 3 series y un corto.

Terminamos el día dirección a Llastres, otra villa marinera con unas magnificas vistas que disfrutar desde “El mirador de San Roque”. Billy se queda maravillado con el encanto de este Concejo que pertenece a Colunga. Es todo el pueblo en si mismo, una cuesta; te cruzas con sus gentes que van subiendo y bajando como si nada mientras que Billy y Cía  tienen que agarrarse a los pasamanos que hay en las fachadas de las casas para ayudar a los mas flojos. Después de descansar en un peldaño de una casita, nuestros amigos se dan por vencidos en su misión de encontrar la mítica casa de “El doctor Mateo” una serie de 2009 que se emitió en Antena3, el caso es que cuando estaban a punto de abandonar se dieron cuenta de que estaban justo detrás de ella -las cabezas-.

Así pasan el día de el Sábado nuestros amigos, esta noche si cenarán en Ribadesella, unas tapas y mucha sidra. Este viaje fue un verdadero soplo de aire fresco para Billy, necesario para poder volver a la rutina con fuerza y valorando todo lo que tiene y necesita para ser feliz. Muchas veces  entramos en bucle con algunos problemas y no valoramos lo bonito que nos rodea.

¿Cuál será su próximo destino?